Hoy
¡No sé! De
pronto nuevamente estoy enfrentado a algo, fluye tan parecido a las ondas del océano, es un
sentir tan adictivo, escapa al gran juego llamado realidad, preguntas y más
preguntas moldean un sentir guardado en lo más sencillo y profundo de un
instante, ese que te obliga a mirarte, a ver, a observar, para quizás jugar a
pensar que de observador pasas a ser observando, que él ahora toma fuerza natural
sin tiempo ni espacio, el pasado y el
futuro se esfuman, todos los dispositivos del telón se desvanecen, el todo
concebido para darle un sentido lingüístico, pero éste es un todo que no determina, se apodera y te dice
que nos sos y que sos todo a la vez, que estás vivo y muerto. El hombre en su
falsa ilusión de controlarlo todo y a todos, se estructura para ser uno u otro, estar aquí o allí, diagrama lugares específicos, geográficos que
intenta ordenar lo que solo sucede. El caos se convierte en protagonista, el circo mental huérfano del
bombardeo discursivo, queda atónito, tus células codifican cada sentir, las
emociones juegan con tus deseos trunco.
Las imágenes
químicamente elaboradas viven en tu mente
para decirte, para ordenar, ese patrón informático molecular, atomizador del
día a día para guiarte, para elegir ser un producto mental, es ahí donde
nuevamente la química celular se apodera para construir tu realidad, mí estructura mental dice que soy, construye la realidad en función de un molde
lleno de lenguajes, pero que necesaria y sabiamente se resiste en un viaje
permanente a explorar, a la búsqueda constante que late dentro tuyo esperando
el despertar.
Es así como me encuentro con ese algo ondulante
y adictivo que no controlo y me supera por un instante y el caos mental se
desvanece para fluir en un sentir sin elegir, para un hoy, para en un ahora soñar a que todo se puede, ser otra
cosa, animarme a solo descubrir quién soy, cuál es mi rol en el mundo material,
lineal, predecible, observable,
tangible. Hoy, ¡Solo hoy!
Marcos
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