Google+ Prácticas de libertad : enero 2014

jueves, 23 de enero de 2014

El yo y el lenguaje



El yo y el lenguaje


El  poder de la palabra, como herramienta de la mente. Una simple palabra, dispara un océano de sensaciones, sin lenguaje el hombre quizás no habría podido lograr desarrollar y dar forma a la conquista de la naturaleza del mundo material, en todo sus matices. La lógica racional del hombre expresa una realidad concreta.


El poder se manifiesta como símbolos codificados, tejiendo los sentidos de la realidad observable. Ponemos significados, explicamos el mundo que inventamos, necesariamente para no percibir,  que puede no ser como se nombra. El lenguaje siempre tiene una intencionalidad direccionada a  una coerción, a un orden que estructure lo que no se puede entender.


Tenemos una razón, la de amar, ésta es innata,  propia de todos los seres, expresiones de amor, por donde nos movamos, constante flujo del movimiento, agua, tierra, vida, muerte. Secciones de un mismo continente.


Es un lenguaje universal, sin estructuras de ideas, sin construcciones de realidades, la historia es un proceso de  fuerzas expresadas en materialidad de lucha por el amor. La razón se debe convertir en acción, en motivo para andar, transitar con todo lo que implica, sin necesidad de clasificar, bueno,  malo, éste sabe,  aquel no, con dinero, sin dinero.


 Convivir sin muros, despojados de la construcción del ocultamiento por el miedo a la muerte, a lo desconocido, a lo sublime. Por algo simple, un  sencillo y poderoso gusto de vivir, de ser, de no parecer, de no padecer. El motor de la vida y la muerte es construido por lenguajes de un mundo concreto, material. El amor encuentra lugar cuando somos y no actuamos, cuando nos inventamos, desordenando una región cerebral, vencemos ese poder mental programado para el circo de la vida. Regalarse, desprenderse del yo, el ego cuándo regula para él afuera, es el juez oculto de cada acto.


En cada movimiento separamos, aislamos, clasificamos, rotulamos, éste accionar es un espejo donde no nos reconocemos. No hay persona en el mundo que no haya sentido amor alguna vez, ya sea en sus opuestos, según el sentido de las palabras, pero en su esencia los compuestos actúan y salen como misiles químicos, eléctricos de nuestra mente, el odio no es opuesto, el odio es amor, es parte constitutiva, hay que comprender que de tanto separar creemos que no somos capaces de sentir y toda nuestra maquina mental  se aliena en un orden de satisfacción efímero, con intereses que no son reales  y  fieles al ser.
El odio, el rencor, es el acto de amor más notable del ser, la melancolía vive en una eterna agonía, en un perpetuo amor al sufrimiento, por aquel amor que ha quedado en el más hondo rincón de su ser, la aberración al amor por la eficacia del dulce recuerdo de sentirse amado.   ¿Pero éste es el verdadero amor?  El amor es aquel que se espera y es aquel que vive, se siente como parte de mí , como parte de un todo, no es estático, es dinámico, está aquí y allá, es  vida, es muerte  y es todo al mismo tiempo pero no en un tiempo calculable, racional, es un perpetuo transitar ondulante que va modificando y contagiando un sentir sin mediadores  como el lenguaje, sin nombres,  un yo, un tú, un ellos,  un todo, un único ser contenedor de un todo.